Escribo esta entrada media chata. O harto. Aburrida más que nada. Es que no ha sido un año para mí, como quien dijera, desde que comenzó el 2012. Lectores amables y antiguos recordarán la apestosa trombosis del Gato, que me aniquiló la vida social/personal/playística/etc. De hecho el otro día le comentaba a mi hermana que lo único bueno es que me solté al volante, pero que al resto todavía no le encuentro el “aprendizaje” de la enfermedad de mierda. Tengo que ponerme más budista y encontrale el sentido nomás.
Lo bueno es que la mostra comenzó ir al jardín hasta las 4 y media de la tarde, desde marzo. La raja: casi todo el día para mí sola. Las que tienen hijos cachan el valor de los minutos sin ellos. Igual la voy a dejar cerca de las 10, porque ambas somos guenas pa la pestaña y el remoloneo.
Entonces me envalentoné y me puse a escribir harto, a leer más (tengo cuarquier book en el velador esperándome) y además, estoy haciendo el curso de tarot. Terrible de bacán.
Pero comienza el invierno juliao y los virus. Igual la mostri es grande y ya no anda tan mal como antes con un pequeño resfriado, además que habla y me dice dónde le duele, lo que es lo mejor del mundo.
Y gueno, esta semana maricona la mostra no ha ido al jardín (y no irá hasta el martes) porque tuvo otitis, y ahora está con bronquitis. Tiene guen ánimo, come bien, pero se aburre. Pa les cuento del desorden de juguetes, porque como guena hija única tiene más que la chucha, entonces los desparrama por todos lados pa entretenerse. Si sé que varias mamás les enseñan a sus hijos a recogerlos después de jugar: soy tan mala mamá, que los guardo yo (o el Gato) mientras ella duerme. Toda una mimada, que tanto.
Asi es que todo lo planificado para esta semana se jue al agua. Me tengo que sacar unas radiografías al pie (nada grave), tengo que ir a buscar unos productos que compré, tengo que mandarme hacer unas plantillas, tengo que no hacer nada.
Y pa escribir ahora, mi mostra ve Winnie the Pooh mientras el Gato le anda comprando los remedios. Me falta recoger los juguetes del living, de su dormitorio, bañarla, hacerla dormir, convercerla pa que se tome el remedio… cosas que antes hacía en silencio si tuve mi espacio para mí solita durante el día.
Estar chata es parte importantísima de la maternidad. La dualidad, pa mi gusto, eso de amar con locura a los hijos y al mismo tiempo tener ganas de estar sola ni hacer nada de nada.
Igual me quejo harto con una. Es que soy tan mala mamá, que con una toy lista pa la foto.
Yao los vemos.

